Middlemarch
Middlemarch —¡Caramba! Eso me recuerda —empezó, bajando un poco la voz— que en Bilkley no recogà solo el caballo para su calesa, señor Hawley. Me he traÃdo también toda una historia acerca de Bulstrode. ¿Sabe usted cómo llegó a amasar su fortuna? A cualquier caballero que desee un poco de información indiscreta, se la doy libre de cargos. Si todo el mundo recibiera lo que se merece, Bulstrode tendrÃa que recitar sus oraciones en un penal australiano.
—¿Qué quiere usted decir? —dijo el señor Hawley, metiendo las manos en los bolsillos y adelantándose un poco hacia el interior del arco. Si Bulstrode resultaba ser un bribón, Frank Hawley tenÃa un alma profética.