Middlemarch
Middlemarch «¡Qué lástima! —se dijo Celia—, estoy segura de que Freshitt Hall hubiese sido mucho más agradable que esto». Se acordó de la piedra caliza blanca, del pórtico con columnas y de la terraza llena de flores, y de sir James sonriendo por encima de ellas como un prÃncipe liberado de su encantamiento en un rosal, con un pañuelo que no era más que el resultado de la veloz metamorfosis de los pétalos más perfumados. ¡Sir James, que hablaba de manera tan agradable, con mucho sentido común, siempre sobre cosas corrientes y nunca sobre temas eruditos! Celia poseÃa esos juveniles gustos femeninos algo etéreos que hombres graves y curtidos prefieren a veces en una esposa; pero, por fortuna, las inclinaciones del señor Casaubon habÃan sido otras, porque con Celia no habrÃa tenido nunca ni la más remota posibilidad de éxito.