Middlemarch
Middlemarch Mientras esperaba en la biblioteca, no pudo hacer otra cosa que revivir las escenas que ligaban a Lydgate con sus recuerdos. Todas tenían que ver con su matrimonio y las dificultades que trajo consigo… aunque aquello no era del todo cierto; había dos ocasiones en las que la imagen de Lydgate estaba penosamente ligada con su mujer y otra persona. El dolor de Dorothea había encontrado alivio, pero el sufrimiento le había dejado cierta disponibilidad para imaginar lo que el matrimonio podía ser para Lydgate y una sensibilidad a flor de piel ante la menor insinuación acerca de Rosamond. Aquellos recuerdos eran como un drama para ella, y hacían que le brillaran los ojos y le llenaban de tensión el cuerpo entero, aunque se limitara a contemplar desde la biblioteca el césped y los brotes de vivo color verde que destacaban en relieve sobre los tonos más oscuros de los árboles de hoja perenne.
Al entrar Lydgate en la habitación, Dorothea casi se asustó ante la transformación de su rostro, porque para ella, que llevaba dos meses sin verlo, el cambio era sumamente perceptible, y no por la delgadez, sino por la presencia constante del resentimiento y del desánimo, presencia que se refleja muy pronto hasta en los rostros de los jóvenes. La cordialidad de su mirada, cuando Dorothea le tendió la mano, dulcificó su expresión, pero tiñéndola tan solo de melancolía.