Middlemarch
Middlemarch Mientras Lydgate volvía hacia Middlemarch, iba pensando: «Esta joven criatura tiene un corazón tan grande como el de la Virgen María. Es evidente que no piensa en su propio futuro y comprometería la mitad de sus ingresos sin pensarlo dos veces, como si tan solo quisiera para sí una silla donde sentarse y desde donde mirar con esos ojos suyos tan claros a los pobres mortales que vienen a rezarle. Parece tener lo que nunca he visto antes en ninguna mujer: una fuente de amistad para los seres humanos… Los hombres pueden ser amigos suyos. Casaubon debió de desatar en ella alguna alucinación heroica. Me pregunto si podría tener otro tipo de pasión por un hombre. ¿Ladislaw? Existía sin duda un sentimiento poco común entre los dos. Y Casaubon debió de advertirlo. Bueno… podría ayudar más a un hombre con su amor que con su dinero».