Middlemarch
Middlemarch —Creo que sà —dijo Rosamond, mirándolo a la cara—. Qué hundidos tienes los ojos, Tertius… y haz el favor de echarte el pelo para atrás.
Lydgate alzĂł una alargada mano blanca para obedecerla, agradecido por aquella pequeña muestra de interĂ©s. La fantasĂa de la pobre Rosamond habĂa vuelto de sus vagabundeos terriblemente castigada… con humildad suficiente para cobijarse bajo el antiguo y despreciado refugio. Y el refugio seguĂa allĂ: Lydgate habĂa aceptado las limitaciones de su futuro con tristeza resignada. HabĂa elegido a aquella criatura frágil y llevarĂa el peso de su vida en los brazos. TenĂa que caminar como pudiera con aquella carga a cuestas.