Middlemarch
Middlemarch Se lo he contado todo a la señora Casaubon. Se han desvanecido sus falsas ideas acerca de usted. Se lo digo porque vino a verme y fue muy amable conmigo. Ya no tiene usted nada que reprocharme. Lo que pasó ayer no cambia nada para usted.
El efecto de aquellas palabras no fue enteramente de alegría. Mientras las repasaba dando rienda suelta a la imaginación, Will notó que le ardían las mejillas y las orejas al pensar en lo que había ocurrido entre Dorothea y Rosamond… Y al surgirle la duda de que quizá ni siquiera la más favorable explicación de su comportamiento bastase para que la señora Casaubon no se sintiera herida en su dignidad. Quizá su relación con él había sufrido un cambio irremediable… una transformación definitiva. Muy pronto llegó a sentirse tan lleno de dudas como un hombre que se ha salvado de un naufragio, pero se encuentra de noche en una costa desconocida. Hasta la malhadada mañana del día anterior —con la excepción del momento de desazón mucho tiempo antes, en la misma habitación y en presencia de la misma persona— todas sus visiones, todas las ideas compartidas por los dos habían existido en un mundo aparte, donde la luz del sol se derramaba sobre altos lirios blancos, donde no acechaba ningún mal y donde no entraba ninguna otra persona. Pero ahora… ¿volvería Dorothea a acompañarle en aquel mundo?