Middlemarch
Middlemarch —No será tan triste, padre… tengo intención de pasarlo bien —dijo Mary, riendo—. He sido soltera y feliz durante veinticuatro años y un poco más; imagino que no será necesario que espere otro tanto. —Luego, después de una breve pausa, añadió, con mayor gravedad, volviendo el rostro hacia el de su padre—: Si usted está contento con Fred. —Caleb torció la boca y desvió la cabeza sagazmente—. Vamos, padre; recuerde que lo alabó el miércoles pasado. Dijo que entendÃa mucho de ganado y que tenÃa buen ojo para los negocios.
—¿Eso dije? —preguntó Caleb con fingido asombro.
—SÃ, lo apunté con sus mismas palabras y anoté la fecha, Anno Domini y todo lo demás —dijo Mary—. A usted le gusta que las cosas se apunten con pulcritud. Y su comportamiento con usted, padre, es realmente bueno; lo respeta mucho; y es imposible tener mejor carácter que Fred.
—Ya veo, ya veo; quieres engatusarme para que lo considere un buen partido.
—Desde luego que no, padre. No lo quiero porque sea un buen partido.
—Entonces, ¿por qué?
—Pues porque lo he querido siempre. Nunca me gustará reñir a nadie tanto como a él; y eso es una cosa muy importante en un marido.