Middlemarch
Middlemarch Una hermosa mañana, un joven de cabellos no demasiado largos, pero abundantes y rizados, y reconocible como inglés por el resto de su indumentaria, se detuvo, cuando acababa de dar la espalda al Torso del Belvedere en el Vaticano, a contemplar la magnífica vista de las montañas desde la galería circular contigua, quedándose tan absorto que no advirtió cómo se le acercaba un alemán de ojos oscuros y lleno de animación que, después de ponerle una mano en el hombro, le dijo con fuerte acento:
—¡Ven, deprisa! De lo contrario habrá cambiado de postura.