Middlemarch

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Ninguno de los dos consideró posible volver a hablar de inmediato. Pero modificar un acuerdo previo y renunciar a salir habría constituido una manifestación de perseverancia en el enfado que la conciencia de Dorothea juzgó censurable, teniendo en cuenta sobre todo que ya empezaba a sentirse culpable de lo ocurrido. Por muy justa que pudiera ser su indignación, su ideal no era reclamar justicia, sino manifestar ternura. De manera que cuando el coche llegó ante la puerta, Dorothea fue con el señor Casaubon al Vaticano, recorrió con él la Galería Lapidaria y, al separarse a la entrada de la biblioteca, fue a visitar el museo sin otra razón que la simple indiferencia ante todo lo que la rodeaba. Le faltó el ánimo para volver sobre sus pasos y decir que deseaba ir a otro sitio. Naumann la vio por primera vez cuando el señor Casaubon se separaba de ella, y el pintor entró en la larga galería de esculturas al mismo tiempo; pero Naumann tenía que esperar a Ladislaw para resolver la apuesta de una botella de champán sobre una enigmática figura de aspecto medieval que se encontraba allí mismo. Después de examinar la figura y de seguir paseando hasta dar por zanjada la discusión, se habían separado, y Ladislaw se había rezagado mientras Naumann penetraba en la Galería de las Estatuas donde vio de nuevo a Dorothea, con aquel gesto meditabundo y ausente que hacía llamativa su postura. En realidad, la señora Casaubon no veía ni el rayo de sol en el suelo ni las estatuas: veía en su interior la luz de los años futuros en su propio hogar, la luz que iluminaría también los campos de Inglaterra y los olmos y los caminos bordeados de setos; y sentía que la senda para llenar aquellos años de gozosa dedicación no estaba ya tan clara como antes. Pero en el espíritu de Dorothea existía una corriente a la que toda idea y sentimiento acababa antes o después por incorporarse: el esfuerzo de todo su ser consciente por alcanzar la verdad más plena, el bien menos parcial. No había duda de que existía algo mejor que la cólera y el desánimo.


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