Middlemarch
Middlemarch —El señor Lydgate dirÃa que eso no merece la pena —intervino Ned, deliberadamente cáustico.
—Por el contrario —dijo Lydgate, sin darse por aludido y sonriendo a Rosamond con exasperante confianza—. MerecerÃa la pena conocerlo por el simple hecho de que fuera la señorita Vincy quien me lo contara.
El joven Plymdale se fue muy pronto a ver cómo jugaban al whist, pensando que Lydgate era una de las personas más presuntuosas y desagradables que habÃa tenido la desgracia de conocer.
—¡Qué desconsiderado es usted! —dijo Rosamond, interiormente encantada—. ¿No se da cuenta de que lo ha ofendido?
—¡Cómo! ¿El libro es del señor Plymdale? Lo siento. No se me ocurrió.
—Tendré que empezar a admitir lo que dijo usted de sà mismo la primera vez que vino aquÃ: que es un oso y necesita aprender de los pájaros.
—Bueno, hay un ave que puede enseñarme lo que quiera. ¿No la escucho con la mejor voluntad?