Middlemarch
Middlemarch WILL LADISLAW
El pobre señor Casaubon sintió (y ¿no debemos nosotros, siendo imparciales, acompañarle un poco en ese sentimiento?) que ningún hombre tenía más justos motivos que él para la repugnancia y la sospecha. El joven Ladislaw, estaba seguro, proyectaba enfrentarse con él y causarle trastornos; proyectaba ganarse la confianza de Dorothea y sembrar en su espíritu la falta de respeto y quizá la aversión. Se necesitaba algún motivo subterráneo para explicar el repentino cambio de Will al rechazar la ayuda del señor Casaubon y renunciar a sus viajes; y aquella decisión desafiante de instalarse en la zona, aceptando algo tan en desacuerdo con sus anteriores preferencias como los proyectos para Middlemarch del señor Brooke, revelaba con suficiente claridad que el motivo encubierto tenía que ver con Dorothea. El señor Casaubon no imaginó ni por un momento que existiera la menor doblez en su esposa: no sospechaba de ella, pero tenía la seguridad (lo que casi le resultaba igual de desagradable) de que su tendencia a formar opiniones sobre la conducta de su marido iba acompañada de la disposición a ver con simpatía a Will Ladislaw y a dejarse influir por sus palabras. Su propia reserva, llena de orgullo, le había llevado a suponer erróneamente que Dorothea había pedido a su tío que invitara a Will a su casa.