Middlemarch

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Y ahora, al recibir la carta de su primo, el señor Casaubon tuvo que considerar sus deberes. Nunca se habría sentido tranquilo atribuyendo a sus actos otro motivo que el deber; pero en este caso, razones contrapuestas le obligaron a adoptar una postura de inhibición.

¿Debería dirigirse directamente al señor Brooke y solicitar de ese caballero tan molesto que retirara su propuesta? ¿O debería consultar a sir James Chettam y lograr su colaboración para protestar contra un paso que afectaba a toda la familia? En ambos casos el señor Casaubon era consciente de que el fracaso resultaba tan probable como el éxito. No podía mencionar el nombre de Dorothea en aquel asunto, y sin algún motivo claro de alarma era muy posible que el señor Brooke, después de recibir todas las protestas con aparente aquiescencia, concluyera diciendo: «¡No tenga miedo, Casaubon! Puede estar seguro de que el joven Ladislaw contribuirá a darle prestigio. Ya verá cómo esta vez he acertado con lo más conveniente». Y el señor Casaubon rehuía la posibilidad de abordar el asunto con sir James Chettam, con quien sus relaciones nunca habían sido cordiales, y que inmediatamente pensaría en Dorothea sin necesidad de mencionarla.



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