Middlemarch
Middlemarch Hay quien ha pensado que esas vidas desafortunadas se deben a la inconveniente vaguedad con que el Supremo Hacedor modeló la naturaleza de las mujeres: si solo existiera un nivel de incompetencia femenina tan estricto como contar hasta tres y no hubiera que pasar de ahí, el puesto de la mujer en la sociedad podría determinarse con exactitud científica. Pero la vaguedad persiste, y la diversidad de posibilidades es mucho más amplia de lo que cabría deducir contemplando la similitud de los peinados femeninos y hasta de las historias de amor —tanto en prosa como en verso— que prefieren las mujeres. De cuando en cuando, rodeado de inquietud, crece, entre los patos del estanque, un cisne que nunca llega a la corriente de aguas vivas en compañía de los de su misma especie. De cuando en cuando nace una santa Teresa, fundadora de nada; los generosos impulsos con que trata de lograr una bondad inalcanzable sucumben y se dispersan entre múltiples obstáculos en lugar de hacer blanco en alguna meta claramente delineada.