Middlemarch
Middlemarch —Ya sé que me guardas rencor, Josh. Pero de hombre a hombre y con toda sinceridad, un poco de dinero me permitirÃa convertir la tienda en un establecimiento de primera clase. El comercio del tabaco está creciendo. SerÃa una estupidez por mi parte no hacerlo lo mejor posible. Por la cuenta que me tiene, me pegarÃa a la tienda como una pulga a un vellón. EstarÃa siempre en la brecha. Y nada harÃa más feliz a tu madre. Ya ha pasado mi época de hacer calaveradas… He cumplido los cincuenta y cinco. Quiero instalarme en mi rincón junto a la chimenea. Y si por una vez me dedicara con empeño al comercio del tabaco, aportarÃa una inteligencia y una experiencia que no se encontrarÃan de buenas a primeras en ningún otro sitio. Quisiera no tener que molestarte una y otra vez y llevar las cosas definitivamente en la buena dirección. Considera eso, Josh, de hombre a hombre, y la posibilidad de hacer que tu pobre madre viva cómodamente el resto de su vida. ¡Siempre la he querido mucho, te lo juro!
—¿Ha terminado? —preguntó el señor Rigg con gran calma, sin dejar de mirar por la ventana.
—SÃ, he terminado —dijo Raffles, recogiendo el sombrero que tenÃa delante, encima de la mesa, y dándole una especie de empujón retórico.