Middlemarch
Middlemarch —Porque ¿qué puede hacer un hombre cuando le da por adorar a una de vosotras, sirenas? Descuida su trabajo y acumula facturas.
—Estoy segura de que tú no descuidas tu trabajo. Estás siempre en el hospital o viendo pacientes pobres, o pensando en alguna disputa entre médicos; y luego, cuando llegas a casa, quieres trabajar con el microscopio y los tubos de ensayo. Confiesa que esas cosas te gustan más que yo.
—¿No tienes ambición suficiente para desear que tu marido llegue a ser algo mejor que médico de Middlemarch? —dijo Lydgate, poniendo las manos sobre los hombros de su mujer y mirándola con afectuosa seriedad—. Haré que te aprendas mi pasaje favorito de un viejo poeta:
¿Por qué ha de crear nuestro orgullo tanto revuelo para ser
y ser olvidado? ¿Qué bien puede compararse
con hacer honor a la palabra escrita y escribir,
honrar la lectura y el deleite del mundo?[106]
Lo que yo quiero, Rosy, es hacer honor a la palabra escrita y escribir yo mismo lo que he hecho. Un hombre tiene que trabajar para eso, cariño.