Middlemarch
Middlemarch La señora Dollop se fue convenciendo cada vez más, gracias a sus propias aseveraciones, de que el señor Lydgate tenía intención de dejar morir a la gente en el hospital, si es que no los envenenaba, con el fin de poder cortarlos en trozos sin encomendarse ni a Dios ni al diablo; porque era un hecho conocido que había querido despedazar a la señora Goby, una mujer tan respetable como la que más de la calle Parley; una mujer que tenía fortuna propia antes de casarse…: una historia bien triste para un médico, que si era competente debía averiguar lo que padecías antes de morirte, en lugar de curiosear en tus entrañas cuando ya habías pasado a mejor vida. Si aquella no era una buena razón, la señora Dollop quería que alguien le diese otra; entre sus oyentes existía el sentimiento generalizado de que la opinión de la señora Dollop era un baluarte, y que si fuera derribado sería imposible poner límites al despedazamiento de los cuerpos, como se había visto claramente en el caso de Burke y Hare[107] con sus emplastos de pez… ¡Nadie quería crímenes como aquellos en Middlemarch!