Cuando era divertido
Cuando era divertido Sus movimientos eran un juego, pero también algo más. La electricidad en sus gestos, en sus miradas, delataba que lo que los unÃa iba más allá de la amistad. Cuando ella saltó del columpio y cayó de pie en la nieve, él la miró como si acabara de desafiar las leyes de la gravedad.
—Ven aquà —dijo ella, arrojándole una bola de nieve que no llegó ni cerca de su objetivo.
Él rió y empezó a perseguirla. Rodaron por el suelo, manchándose de blanco, enredados como dos náufragos aferrándose el uno al otro. La nieve los cubrÃa, pero no importaba. AllÃ, en ese momento, no existÃa el frÃo, ni el tiempo, ni el mundo. Solo estaban ellos.
Desde la terraza de un edificio cercano, una sombra los observaba. Un rostro que se escondÃa tras el cristal empañado por el vaho de su respiración. Sus ojos siguieron cada movimiento de los adolescentes, como si estuviera viendo algo más que un simple juego. Una sonrisa se formó en su cara, pero se desvaneció casi de inmediato.
—¿Qué estaréis pensando? —murmuró, con una voz cargada de una extraña mezcla de ternura y amargura.