Cuando era divertido
Cuando era divertido Detrás de él, un ruido sordo lo hizo girarse bruscamente. Era el mismo sonido de siempre, el que había aprendido a ignorar: el cuerpo inmóvil en el sofá, el peso muerto de una presencia que había dejado de significar algo.
Suspiró. Volvió a mirar hacia el parque, pero la escena había cambiado. Los adolescentes se habían puesto de pie y, tomados de la mano, corrían hacia un portal cercano. La sombra de la terraza los siguió con la mirada, hasta que desaparecieron detrás de la puerta.
—Pronto dejaréis de correr —dijo en voz baja, sus palabras perdiéndose en el aire helado.
El viento comenzó a soplar con fuerza, arrastrando la nieve en remolinos. En el interior del portal, las cosas iban a cambiar, pero nadie, ni los adolescentes ni quien los observaba, estaba preparado para lo que vendría.
El portal se cerró con un eco seco, como si la noche misma lo absorbiera. Ella, con las mejillas aún encendidas por la carrera, sacó una llave del bolso con dedos temblorosos. Él la miraba en silencio, como si tratara de leer sus pensamientos.