Cuando era divertido
Cuando era divertido —¿Estás segura? —preguntó al fin, su voz quebrándose un poco. —No lo sé —respondió ella, con una media sonrisa que intentaba ocultar el nerviosismo—. Pero quiero intentarlo.
Subieron las escaleras en penumbra, con pasos lentos pero determinados. Cada crujido bajo sus pies resonaba como un tamborileo de incertidumbre. Al llegar al rellano, ella empujó la puerta de su casa y lo dejó entrar. Un aire cálido los envolvió, pero no disipó el frÃo que parecÃa haberse instalado en sus cuerpos.
El salón estaba oscuro, iluminado solo por la tenue luz que entraba desde la ventana. Se quedaron de pie, como si el peso de lo que estaban a punto de hacer los mantuviera anclados al suelo.
—Es aquà —dijo ella, rompiendo el silencio. Él asintió y se acercó, sus manos buscando las de ella con una torpeza que delataba tanto deseo como miedo. —No tiene que ser esta noche —susurró él, aunque sus palabras parecÃan más para sà mismo que para ella. —Pero quiero que lo sea.
El eco de esas palabras se quedó flotando en el aire mientras sus cuerpos se acercaban, tÃmidos al principio, pero cada vez con más determinación. Era su momento, o al menos eso creÃan.