El origen de la familia, la propiedad privada y el estado
El origen de la familia, la propiedad privada y el estado Entre los griegos encontramos en toda su severidad la nueva forma de la familia. Mientras que, como señala Marx, la situación de las diosas en la mitologÃa nos habla de un perÃodo anterior, en que las mujeres ocupaban todavÃa una posición más libre y más estimada, en los tiempos heroicos vemos ya a la mujer humillada por el predominio del hombre y la competencia de las esclavas. Léase en la Odisea cómo Telémaco interrumpe a su madre y le impone silencio[25]. En Homero, los vencedores aplacan sus apetitos sexuales en las jóvenes capturadas; los jefes elegÃan para sÃ, por turno y conforme a su categorÃa, las más hermosas; sabido es que la Iliada entera gira en torno a la disputa sostenida entre Aquiles y Agamenón a causa de una esclava. Junto a cada héroe, más o menos importante, Homero habla de la joven cautiva con la cual comparte su tienda y su lecho. Esas mujeres eran también conducidas al paÃs nativo de los héroes, a la casa conyugal, como hizo Agamenón con Casandra[26], en Esquilo; los hijos nacidos de esas esclavas reciben una pequeña parte de la herencia paterna y son considerados como hombres libres; asÃ, Teucro es hijo natural de Telamón, y tiene derecho a llevar el nombre de su padre. En cuanto a la mujer legÃtima, se exige de ella que tolere todo esto y, a la vez, guarde una castidad y una fidelidad conyugal rigurosas. Cierto es que la mujer griega de la época heroica es más respetada que la del perÃodo civilizado; sin embargo, para el hombre no es, en fin de cuentas, más que la madre de sus hijos legÃtimos, sus herederos, la que gobierna la casa y vigila a las esclavas, de quienes él tiene derecho a hacer, y hace, concubinas siempre que se le antoje. La existencia de la esclavitud junto a la monogamia, la presencia de jóvenes y bellas cautivas que pertenecen en cuerpo y alma al hombre, es lo que imprime desde su origen un carácter especÃfico a la monogamia, que sólo es monogamia para la mujer, y no para el hombre. En la actualidad, conserva todavÃa este carácter.