El mártir del Gólgota
El mártir del Gólgota —No estoy loco: estoy cuerdo; tan cuerdo como el que más de vosotros. ¡No parece sino que mi ofrecimiento es una cosa muy extraña! ¿Soy el primero que vende a otro? No. La historia nos presenta mil hechos. Pues pagadlo bien y os entrego a Jesús.
—¿Y qué seguridad nos ofreces? —dijo Anás, que vio en aquel hombre lo que en vano buscaba durante el dÃa.
—Te ofrezco mi palabra.
—Eso no basta.
—Me ofende tu duda.
—No diré que no; pero tú eres su discÃpulo y todos sus discÃpulos se dejarÃan crucificar por él.
—Todos menos yo; por eso vengo a decirte: ¿Qué me das y te lo entrego? Lo que debe probarte que en vez de su discÃpulo soy su enemigo.
—Pues bien, pide —repuso Anás, después de haber hablado con algunos de los jueces en voz baja.
Judas meditó un momento y luego dijo:
—Quiero treinta siclos de plata.[98] ¿Os parece mucho?
Anás tornó a hablar en voz baja con los sacerdotes.