El mártir del Gólgota
El mártir del Gólgota —DiscÃpulo de Jesús, ¿qué te conduce al Sinedrio? Habla y deja el miedo.
Judas alzó la frente con orgullo, como si las palabras de Anás le hubieran herido, y dijo con una precipitación que costaba trabajo seguir:
—Me llamo Judas, no he tenido miedo nunca a nada, ¿lo entendéis?, a nada; pero he sabido que os hallabais reunidos para tratar de un asunto que os importa mucho y me he dicho: Vamos allá; los jueces quieren prenderle y no se atreven. Pues bien, yo vengo a deciros que, si me lo pagáis bien, os entregaré a Jesús.
—¡Tú! —exclamaron algunas voces con repugnancia.
—SÃ, yo —tornó a decir Judas mirando hacia todas partes y desafiando con sus miradas al Sumo Consejo—; yo, su discÃpulo, su amigo. ¿Qué os extraña? Le odio y deseo como vosotros perderle. ¿No soy dueño de tener mis afecciones, como las tenéis vosotros?
Los sacerdotes se miraron unos a otros y se oyeron algunas voces que decÃan en voz baja: Ese infeliz debe estar loco.
Judas oyó esta calificación, y con acento irritado exclamó: