El mártir del Gólgota
El mártir del Gólgota EL SUICIDA
Juan se habĂa reunido con la Virgen y Magdalena a pocos pasos de la casa del pontĂfice Caifás.
La Madre de JesĂşs y la dolorosa castellana de Mágdalo habĂan pasado parte de la noche sentadas sobre unos maderos, a la puerta de un carpintero.
Allà esperaban con el corazón traspasado de dolor y los ojos llenos de lágrimas, que Juan les participara el resultado de la sentencia.
—¿QuĂ© es de mi hijo? —exclamĂł MarĂa con doloroso acento.
Juan no pudo responder: los sollozos se lo impedĂan. La profunda amargura del discĂpulo fue para aquella Madre una revelaciĂłn dolorosa. TranscurriĂł un breve momento sin que nadie se atreviese a interrumpir aquellas lágrimas, aquellos sollozos. En medio de este silencio, la Virgen oyĂł en una casa inmediata que permanecĂa cerrada, el ruido estridente de una sierra que cortaba madera y el golpe seco de los martillos que clavaban clavos. Aquellos golpes resonaban de una manera dolorosa en el corazĂłn de MarĂa. Poco despuĂ©s vieron venir un hombre hacia aquel sitio. Este hombre se detuvo delante de la casa y llamĂł.
—¿Quién va? —dijo una voz varonil desde adentro.
—Abre, Jacob; soy yo, Malco, un servidor del sumo pontĂfice —respondiĂł el de afuera.
