El mártir del Gólgota
El mártir del Gólgota Después colocó una piedra encima de otra debajo del árbol, subió con una impasibilidad digna de mejor causa sobre ellas con mucho cuidado para que no se cayeran, puso el lazo corredizo alrededor de su garganta y empujó la piedra con el pie, lanzando una horrible blasfemia, cuyo eco aterrador fue a perderse en las concavidades del abismo. Después el cuerpo de Judas, horriblemente desfigurado pendía sobre el abismo. Era un cadáver. Al día siguiente, cuatro hombres cortaron la cuerda y el cuerpo de Judas cayó al barranco.
Bajaron a recogerle y le condujeron a una de las vertientes del monte del Mal-Consejo, donde los sacerdotes habían comprado con el dinero de Judas un trozo de campo para enterrarle.
Aquel campo se llamó desde entonces Had ed adom.[119]
El sicómoro que había servido de horca al mal apóstol permaneció en pie suspendido sobre el abismo por espacio de mil cuatrocientos años. Durante esta prolongada ancianidad, ni un caminante, ni un pastor, ni un árabe, se sentaron a la sombra de aquel árbol que recordaba la venta del Divino Maestro.