El mártir del Gólgota
El mártir del Gólgota CLAUDIA PROCLA
Retrocedamos. El sol acaba de nacer. Sus purĂsimos rayos caĂan como una lluvia de oro sobre los mármoles bruñidos de la ciudadela Antonia y la cilĂndrica torre de David. Poncio Pilato se paseaba por su camarĂn con ademán receloso, pues el estruendo que cundĂa por JerusalĂ©n le inquietaba. En esto abriĂłse una puerta y apareciĂł una mujer joven y hermosa.
—¡Ah! —dijo el gobernador—. ¿Eres tú, Claudia? ¿A qué debo la fortuna de verte tan temprano?
Y Poncio cogió una de las manos de su esposa, conduciéndola hacia una ventana.
—¡Estás conmovida… pálida! ¿Qué tienes? —preguntó Pilato, que amaba a su esposa con todo su corazón.
—¡Ah, Poncio! He tenido un sueño horrible, espantoso —le dijo Claudia—. Pero lo más particular, lo más extraño, es que he soñado despierta.