El mártir del Gólgota
El mártir del Gólgota —ConfÃa: la sentencia de Jesús, si no resulta enemigo del imperio, no se firmará, y en prueba de ello, te entrego mi anillo.
Pilato se quitó una gruesa sortija del dedo, en cuya piedra se hallaba grabada la cabeza de Tiberio y un águila con las alas desplegadas y se la entregó a su esposa.
—¿Estás contenta? —le dijo.
—¡Oh! sÃ, Poncio mÃo, estoy contenta, porque voy a evitarte una infamia.
Claudia, observando que su esposo se sonreÃa, continuó:
—¿Dudas todavÃa de la realidad de mi sueño?
—Siempre has tenido una imaginación soñadora.
Apenas Poncio Pilato acababa de decir estas palabras, cuando Cayo Appio, un centurión de la guardia pretoriana, entró en el camarÃn. Cayo Appio era español como Pilato y los dos hijos de Tarragona. El gobernador tenÃa en Cayo un amigo leal y un súbdito fiel.
—¿Qué ocurre, Cayo? —preguntó Pilato.
—Señor, los sacerdotes te traen un reo para que le juzgues.
Claudia miró a su esposo y dijo:
—Ese que viene es Jesús Nazareno: mi sueño era una revelación.