El mártir del Gólgota
El mártir del Gólgota —Porque mi amo cree que ese hombre, más que un criminal, es un loco.
—¡Pilato! ¡Que salga el gobernador! ¡Que sentencie al Galileo! ¡La cruz para el Nazareno! —gritaba la alborotada muchedumbre desde la plaza desaforadamente.
Poncio se estremeció. Aquellos gritos levantaban un eco doloroso en su conciencia.
Ya lo hemos dicho: Pilato era débil y su debilidad iba a mancillar su nombre para siempre. La historia del juez romano iba a mancharse con un borrón indeleble.
—¡Oh! Esas hienas acabarán por devorar al indefenso cordero que ha caÃdo en sus manos —exclamó Pilato.
Y diciendo esto, se encaminó a la azotea de su palacio o puente del Xisto, desde donde arengaba al pueblo.
—¡Israelitas! —les gritó—, ¿qué queréis de m�
—¡La muerte, el Gólgota, la cruz para este hombre! —gritó la muchedumbre con rabioso acento.