El mártir del Gólgota
El mártir del Gólgota Pilato se retiró del balcón y bajó al patio donde estaba el tribunal, llamado por los hebreos Gabbathas.[124]
Aquellos bancos y aquellas paredes estaban construidas con piedras preciosas de varios colores, formando caprichosos mosaicos. Un lictor colocó sobre la mesa un trozo grande de papiro y una pluma de caña de Egipto. Pilato pidió una palangana de agua. Poco después dos criados se presentaron: uno de ellos traía la palangana; el otro un jarro de plata y un lienzo. Este último entregó a Pilato una cosa que al público no le fue posible ver. Era el anillo que su esposa Claudia le devolvía con estas palabras: «Poncio, que Dios te perdone el sacrilegio que vas a cometer. Te devuelvo tu sello y tu palabra.»
Pilato cogió el anillo maquinalmente y mandó al criado que le echara agua en las manos. Después que se las hubo lavado se volvió a los fariseos y sacerdotes y les dijo:
—Tomo al cielo por testigo, que soy inocente de la muerte de este justo —y señaló a Jesús—. La cólera celeste caiga sobre sus verdugos.
—Amén —replicaron con hipócrita acento los sacerdotes.