El mártir del Gólgota
El mártir del Gólgota —Pilato, piensa que olvidas tus deberes. Jesús se ha proclamado rey de los judÃos, usurpando una dignidad que corresponde a Tiberio, tu dueño y el nuestro, por derecho de conquista. Ese hombre que defiendes es enemigo del César. Siendo su defensor, te haces su cómplice. Salvando su vida atentas a la gloria del augusto emperador de Roma. ¡Ay de ti, Pilato, ay de ti si tu conducta en este dÃa llega a los oÃdos del señor del mundo, del inmortal Tiberio!
Pilato tembló oyendo las palabras del pontÃfice. Débil y cobarde, se rindió ante las amenazas de aquel sacerdote rencoroso y cometió la infamia de decir con tembloroso acento:
—Pues bien, ya que lo queréis, sea. Ver aquà a vuestro rey, a quien queréis matar. —Y señaló a Jesús.
Entonces el pueblo gritó:
—Nuestro rey es el César Tiberio; a él sólo rendimos acatamiento. Jesús es un trastornador público, un enemigo de Dios y del emperador.
Pilato temblaba oyendo pronunciar el nombre de Tiberio; sin embargo, repitió por última vez:
—Advertid que la sangre del justo cae como plomo ardiente sobre la conciencia del asesino.
—Nosotros —dijo Caifás— cargamos con la responsabilidad. Caiga su sangre sobre la generación presente y sobre los hijos de nuestros hijos.