El mártir del Gólgota
El mártir del Gólgota ¿Cómo calificar este inmenso placer, esta alegrÃa entusiasta que rebosaba en todos los corazones, en las bodas de dos criaturas tan humildes como MarÃa y José?
Dios, sin duda, que reservaba a la Madre de Jesús la calle de la Amargura, quiso darle un dÃa de triunfo en Jerusalén, como a su Hijo, en cambio de las dolorosas lágrimas que debÃa derramar en la cumbre del Gólgota.
El palio recibió bajo su augusto toldo a los esposos. Ambos se sentaron. MarÃa llevaba cubierto el semblante con un velo; José enrollaba su talet a su cuello.
—He aquà —dijo José colocando un segundo anillo en el dedo corazón de MarÃa—, tú eres mi mujer, según el rito de Moisés y de Israel.
—Extiende un lienzo de tu capa sobre tu sierva —le dijo el sumo sacerdote con voz pausada.
—Obedecido eres —le contestó el Patriarca desenrollando el talet y cubriendo con él la cabeza de MarÃa.