El mártir del Gólgota
El mártir del Gólgota —Id por todo el mundo —les dijo— y predicad el Evangelio a toda criatura. Enseñad a toda la gente, bautizándoles en el nombre del Padre, del Hijo y del EspÃritu Santo. Enseñadles que guarden todas las cosas que Yo os he mandado a vosotros guardar, practicar y cumplir para ser eternamente felices, y estad seguros que Yo permaneceré en vuestra compañÃa hasta la consumación de los siglos.
Terminada la comida, Jesús se levantó y dijo a sus discÃpulos:
—Seguidme: ha llegado la hora de que abandone la tierra el que descendió del cielo.
Cristo salió del cenáculo. Su Santa Madre, las piadosas mujeres que nunca la abandonaban y más de ciento veinte discÃpulos se reunieron a los apóstoles.
Todos seguÃan a Jesús, que se encaminó con tranquilo paso al pueblo de Bethania. Al llegar a la cumbre del monte de los Olivos, el Nazareno se detuvo. Todos los que le seguÃan hicieron lo mismo. Jesús dirigió una mirada amorosa, primero a su Madre, que se hallaba casi a su lado, luego a aquellos fieles que debÃan pregonar en breve la milagrosa ascensión y, por último, al grandioso panorama que le rodeaba, pues desde la cima del monte distinguÃa el sombrÃo mar Muerto, el claro Jordán y las gigantescas palmeras del valle de Jericó.