El mártir del Gólgota
El mártir del Gólgota —Porque me viste, Tomás, has creÃdo —le dijo Jesús—. Bienaventurados los que no vieron y creyeron.
Jesús, después de pronunciar las anteriores palabras, tornó a desaparecer del cenáculo. Por espacio de cuarenta dÃas recorrió la Galilea, mostrándose a mucha gente. El lago de TiberÃades presenció después de la resurrección los nuevos milagros de Cristo. Los apóstoles, que temerosos del furor de los sacerdotes se habÃan acogido en Cafarnaum, creyéndose allà más seguros, tornaron a ver al Maestro Divino un dÃa que pescaban en sus barcas, mandándoles que regresaran a Jerusalén sin temor a los fariseos, pues no habÃa de faltarles el socorro de lo Alto.
Los apóstoles, fieles a lo que les habÃa mandado su Maestro, llegaron a Jerusalén en un dÃa dado y dispusieron una comida en casa de José de Arimatea, en el santo cenáculo.
Once se hallaban sentados a la mesa. Jesús tornó por cuarta vez a aparecerse. Durante la cena les instruyó en lo que debÃan hacer.