El mártir del Gólgota
El mártir del Gólgota —¿De dónde me viene la felicidad de que la Madre de mi Señor venga a mí? Porque luego que tu voz ha llegado a mis oídos, mi hijo ha saltado de alegría en mis entrañas, y Tú eres dichosa por haber creído, porque lo que se te ha dicho de parte del Señor será cumplido.
Elisabet, la inmortal esposa de Zacarías, tocada en los ojos del alma por el soplo misterioso de Jehová, había visto a través del ignorado porvenir el trono de gloria que el Eterno reservaba a su prima.
Pero oigamos las palabras de la Virgen, el canto poético y sublime del Nuevo Testamento, el más inspirado, el más armonioso de las Santas Escrituras, de esos libros que han sido, y serán eternamente, el inagotable manantial de la inspiración cristiana.
María respondió de este modo a Isabel:
«Mi alma glorifica al Señor, y mi espíritu se transporta de gozo en Dios mi Salvador.
»Porque el Señor ha atendido a la humildad de su esclava.
»En adelante seré llamada bienaventurada en toda la serie de los siglos.
»Porque ha hecho en mí grandes cosas Aquél que es Omnipotente y cuyo nombre es santo.
»Su misericordia se extiende de edad en edad sobre los que temen.