El mártir del Gólgota
El mártir del Gólgota »El genio se ve forzado a alejarse de los valles que habitaba en medio de los pálidos chopos.
»Las ninfas, despojadas de sus guirnaldas de flores, gimen a la sombra de los espesos matorrales.
»Los lares[60] y los larvas[61] hacen oír sus quejas nocturnas en la tierra consagrada y sobre los santos hogares.
»Las urnas y los altares despiden sones lúgubres y desfallecidos que espantan a las flámides[62] ocupadas en sus servicios, y el mármol helado parece cubrirse de sudor mientras que cada deidad abandona su sitio acostumbrado.
»Peor y Baal huyen de sus opacos templos con el dios arrojado de la Palestina.
»Astarot, bajo el nombre de la Luna, reina y madre del cielo al mismo tiempo, ya no brilla cercada del santo resplandor de las antorchas.
»El Hammon de la Libia oculta sus cuernos, y los hijos de Tiro lloran en vano su Thamuz herido.
»El sombrío Molok se escapa dejando en la sombra a su ídolo reducido a negros carbones; en vano el ruido de los instrumentos y de la danza llama a un rey feroz cerca de un horno ardiente.
»Los dioses del Nilo, de la raza de los brutos, se alejan también rápidamente, y el perro de Annubio sigue a Isis y a Osiris.»[63]
Hasta aquí Milton. Continuemos nosotros.