El mártir del Gólgota
El mártir del Gólgota Los poderosos reyes de Seleucia y Oriente, a cuya voz doblaban la cabeza sus leales esclavos, los idólatras babilonios, los sabios de Persia, rendÃan vasallaje ante el Niño de un pobre carpintero de Nazareth. ¿No era esto un sueño del Gimnastan, más inverosÃmil, más extraño que la existencia fabulosa de esa raza de Dives y Peris, de esos gigantes que habitaban una ciudad formada de un solo diamante, y que las caprichosas hadas del Cáucaso y del mar Caspio, convertÃan en torrentes de cambiantes colores y en mares de luz brillante con sólo tocarla con su varita misteriosa?
Postrarse ante el hijo de un pobre jornalero tres poderosos reyes de Oriente, en el tiempo de la venida de Jesucristo, era tan inverosÃmil, tan portentoso, como desaguar el océano y convertir el desierto de Sahara en un vergel frondoso de las orillas del Éufrates. Sólo Dios podrÃa llevar a cabo tan portentosa transformación. Sólo el Hijo de Dios pudo conducir junto a su cuna, con los pies descalzos y el polvo en la frente, a Gaspar, Melchor y Baltasar.
Puestos de hinojos ante Jesús los poderosos reyes, adoraron al recién nacido como los prÃncipes de Oriente adoraban entonces a sus dioses y a sus prÃncipes.