El mártir del Gólgota
El mártir del Gólgota El árabe se encaminó hacia Jerusalén, abismado en sus reflexiones. El hebreo, con la fisonomía rebosando felicidad, dirigióse hacia el monte Carmelo. El árabe era Hassal, el caravanero de Egipto, el hebreo, Agabús, el pretendiente de María, el misterioso personaje de la fuente de Elías.
Mientras tanto, los reyes Magos, fieles a su palabra, dirigieron la cabeza de sus dromedarios hacia Jericó, con el objeto de revelar a Herodes todo lo que les había acontecido.
Dios, que lee en el cerrado libro del corazón humano, vio la fe sencilla, la honradez de los caldeos y la miserable hipocresía del tirano de Judá, y quiso salvar del peligro que les amenazaba a los primeros, mandándoles un emisario misterioso que les enteró de los sangrientos planes del rey de Jerusalén.
Esta revelación fue hecha en sueños, según el Evangelio, y al día siguiente los discípulos de Zoroastro dieron gracias a Aquel cuya tienda está en el sol, y en vez de tomar las playas infecundas del lago Maldito para encontrar el Jordán, hicieron torcer el rumbo a sus dromedarios hacia el gran Mar, y cruzando las perfumadas llanuras que besa con sus frescos labios el Benbuier, se dirigieron confiando en Dios a las riberas pintorescas de la Siria.