El mártir del Gólgota
El mártir del Gólgota Para terminar el cuadro de los reyes Magos, cuya misión junto a la cuna de Cristo es de tanta monta para el cristianismo, acabaremos este capítulo dando a conocer a nuestros lectores algunos datos que sobre el fin de los ilustres peregrinos hemos podido adquirir.
Santo Tomás Apóstol pasó a la India a predicar el Evangelio, y los reyes caldeos, que con esta misión recorrían el mundo hacía algunos años, recibieron el bautismo de manos del discípulo de Jesucristo.
Algún tiempo después, llenos de fe, instruyendo en los misterios santos de la nueva ley a los moradores indómitos de los bosques de la India, Gaspar y Baltasar sufrieron el martirio, muriendo a manos de una horda de feroces y descreídos idólatras.
Melchor, el más joven de los tres, el que nos han representado las Escrituras de color negro u oscuro, librándose de la muerte, se encaminó a la India oriental, su patria, y fue a refugiarse en la ciudad de Cangranora. Una vez allí, con sus riquezas fundó la ciudad de Caleencio, y lleno de fe cristiana el corazón erigió un templo soberbio en honor y gloria de la Virgen María y su glorioso Hijo.
Desde entonces los calencios se consagraron al culto y la piedad de María, aumentando de día en día con la influencia de Melchor el respeto y la veneración hacia la Reina de los cielos.