El mártir del Gólgota
El mártir del Gólgota El judío avariento y mal sacerdote miraba con desprecio el pobre don que el honrado carpintero venía a ofrecer ante el altar de los holocaustos.
La sed de oro endurecía el corazón de la mayor parte de los rabinos de aquella época gloriosa e inmortal. Jesús era pobre, y por consiguiente fue mirado como basura del mundo.
El egoísta sacrificador recibió de manos de José las inocentes aves destinadas por el Levítico, murmurando palabras groseras, a las que el glorioso Patriarca cerró los oídos, preguntándose a sí mismo por qué aquel hombre pretendía humillarle tan duramente, cuando a pocos pasos de allí, a la entrada del templo, su glorioso Hijo había sido la admiración de los que le rodearon.
Según Josefo en sus Antigüedades judaicas, y Besnage en su Historia de los judíos, el lujo y la avaricia de los príncipes de los sacerdotes de Jerusalén era inconcebible.
Los pontífices enviaban a sus satélites por los campos a arrebatar los diezmos. Esto reducía a los simples sacerdotes a vivir pobremente, sin otro alimento que higos y nueces; y sin embargo, sus labios no podían producir una queja, porque entonces a los pobres y desatendidos levitas se les acusaba de insubordinación, y eran entregados a los romanos.