El mártir del Gólgota
El mártir del Gólgota El gobernador Félix encerró un dÃa a cuarenta en una cárcel, sólo por complacer a los prÃncipes de la sinagoga.
Otra bajeza, otra úlcera moral se habÃa encarnado en el corazón de los judÃos, más repugnante, más despreciable, si se quiere, que la avaricia: la venganza: «Aquel que no alimente su odio y no se vengue, es indigno del tÃtulo de rabino». Esta máxima horrible y cruel la practicaban con una escrupulosidad criminal.
La venida de Cristo al mundo era una necesidad, porque la ruina, el caos, estaban próximos. Jesús fue el Salvador del hombre, la antorcha divina que vino a derramar los claros rayos de su luz sobre las espesas tinieblas que envolvÃan a la sociedad.
El inmortal Balmes lo ha dicho: nosotros lo repetimos con él:
«SombrÃo cuadro, por cierto,[70] presentaba la sociedad en cuyo centro nació el cristianismo. Cubierta de bellas apariencias, y herida en su corazón con enfermedad de muerte, ofrecÃa la imagen de la corrupción más asquerosa velada con el brillante ropaje de la ostentación y de la opulencia.
»La moral sin base, las costumbres sin pudor, sin freno las pasiones, las leyes sin sanción, la religión sin Dios flotaban las ideas a merced de las preocupaciones del fanatismo religioso y de las cavilaciones filosóficas.