El mártir del Gólgota
El mártir del Gólgota »Era el hombre un hondo misterio para sà mismo, y ni sabÃa estimar su dignidad, pues que consentÃa que se le rebajase al nivel de los brutos.
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»Mientras una gran parte del linaje humano gemÃa en la más abyecta esclavitud, se ensalzaban con tanta facilidad los héroes y hasta los más detestables monstruos sobre las aras de los dioses».
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»El cristianismo apareció y sin proclamar ninguna alteración en las formas polÃticas, sin atentar contra ningún gobierno, sin inferirse en nada que fuese mundano y terrenal, llevó a los hombres una doble salud, llamándoles al camino de una felicidad eterna, al paso que iba derramando a manos llenas el único preservativo contra la disolución social, el germen de una regeneración lenta y pacÃfica, pero grande, inmensa, duradera a la prueba de los trastornos de los siglos; y ese preservativo contra la disolución social, ese germen de inestimables mejoras, era una enseñanza elevada y pura derramada sobre todos los hombres sin excepción de edades, de sexos, de condiciones, como una lluvia benéfica que se desata en suaves raudales sobre una campiña mustia y agostada…»
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