El mártir del Gólgota
El mártir del Gólgota Pero no adelantemos los sucesos, y volvámonos a Samaria, por donde en una noche cruda, frÃa y lluviosa, caminaban los santos esposos y el Divino Jesús por un profundo y solitario barranco, cuando San José, que iba delante llevando la pollina del ronzal, se detuvo ante una voz áspera e imperativa, que con brusco tono gritó desde el hueco de una peña: «¡Alto, o eres muerto!»
José se detuvo asombrado, MarÃa se estremeció, y temerosa de que aquel hombre tratara de robarle a su Hijo, procuró ocultarle en el rebozo de su manto. Era la primera vez, desde su salida de Nazaret, que habÃa visto interrumpido su misterioso viaje por la voz de los hombres. Antes que los viajeros se dieran cuenta de lo que les acontecÃa, se vieron rodeados por una multitud de hombres armados que fueron saliendo de entre las matas y las quebraduras del barranco. Los puñales se hallaban levantados sobre sus cabezas, cuando San José, con una entonación dulce y suplicante, les dijo:
—¿Qué mal os han hecho esta pobre madre y su inocente Hijo para que levantéis vuestros puñales contra ellos?
—Tienes razón, anciano —dijo una voz varonil—. Estos bandidos no tocarán ni un hilo de vuestra ropa, me lo han jurado, y estoy seguro que ninguno de ellos faltará a su juramento, aunque los satélites del feroz Herodes les enseñaran una cruz clavada en el Gólgota.[75]