El mártir del Gólgota
El mártir del Gólgota Los testigos arrancaron de las manos de Dimas al fariseo, no sin trabajo, y dos horas después el joven huérfano se hallaba en un tétrico calabozo de la torre Antonia.
Dimas tenía entonces dieciocho años: edad en que las pasiones y los sentimientos no se ocultan, no se comprimen.
Al verse solo en el mundo, encerrado en aquellas húmedas y tétricas paredes, lloró como un niño, porque recordaba las caricias de su bondadosa madre y el insepulto cadáver del anciano autor de sus días.