El mártir del Gólgota
El mártir del Gólgota Una loba que había perdido sus lobeznos, en vez de devorarlos los condujo a su cueva, donde los alimentó con su leche hasta que un día fueron hallados por unos pastores. Remo y Rómulo crecieron entre los pastores, ocupándose de apacentar las cabras. Pero Rómulo era violento: por el motivo más fútil armaba una pendencia con los guardas de Amullio. Un día se llevaron preso a Remo, que inmediatamente fue encerrado en un calabozo. Rómulo, hambriento de vengar a su hermano y perseguido por los soldados del rey, vagaba por las cercanías de Alba, cuando una casualidad hizo que encontrara al viejo Faustulo, que era el mismo criado que les había perdonado la vida engañando a su señor.
Se hablaron, y entonces, al saber Faustulo quién era Rómulo, le contó su historia. Rómulo, al saber su nacimiento, rugió como la hiena encerrada en un círculo de fuego, y ardiendo en deseos de venganza, logró reunir algunos pastores atrevidos como él, y entrando una noche en la ciudad, asesinó a su tío Amullio y abrió los calabozos de su hermano y de su abuelo Numita, que hacía cuarenta años que se consumía en su lóbrega cárcel.
Acostumbrados a una vida salvaje y libre, se ahogaban en la ciudad, y dejando la corona a su anciano abuelo, salieron al campo ansiosos de llevar su antigua e independiente vida de cazadores.