El mártir del Gólgota
El mártir del Gólgota Por este medio Amullio aseguraba la corona sobre sus sienes. Pero los dioses habían dispuesto que la hermosa Rea fuese robada del templo por un mancebo valiente, que algunos dan en decir que era el dios Marte, a quien adoraban en forma de lanza los hijos de Alba.
La desgraciada Rea cayó por segunda vez en poder de su tío Amullio, y poco después dio a luz en un calabozo dos niños, a quienes pusieron por nombres Remo y Rómulo. El rey ordenó a un criado de su confianza que arrojara al Tíber aquellos dos niños inocentes.
El criado partió de noche a cumplir la triste comisión que le confiaba su amo, pero al llegar a las orillas del río que debían servirles de tumba, los dejó sobre el mullido césped, a tiempo que la luna desde el cielo, quebrando el tupido celaje de una nube, dejó caer su luz de plata sobre las inocentes cabezas de los recién nacidos. El criado, viendo las dulces fisonomías de aquellos niños, se turbó y tuvo miedo de cometer un crimen tan horrible.
Entonces volvió a cogerlos en sus brazos, se internó en un bosque vecino, dejándolos sobre unos matorrales, y corrió al palacio de su señor a decirle que sus órdenes estaban cumplidas. La Providencia veló desde aquel instante por los dos niños abandonados.