El mártir del Gólgota
El mártir del GĂłlgota —Debo advertirte, señor —dijo el patrono—, que en Cesárea nos espera un navĂo, que es el que me ha conducido a esta plaza, y que me acompaña un manĂpulo[91] de valientes[92] a las Ăłrdenes de Paulo Atme el Atrevido.[93] El CĂ©sar Augusto lo ha previsto todo para que los aprestos de viaje no te robaran el tiempo.
—Descuida; partiremos mañana al despuntar el dĂa.
Algunos momentos después se hallaban reunidos en uno de los espaciosos salones del palacio de Jericó, la familia de Herodes el Escalonita y algunas dignidades de su corona.
El rey les expuso brevemente el motivo de su viaje: dio la orden a Ptolomeo de que lo dispusiera todo, indicándole las personas que debĂan acompañarle, y encargĂł a su hijo Archelao el gobierno de su reino, para cuyo efecto escribiĂł una carta que entregĂł al general Verutidio, pues Archelao se hallaba en JerusalĂ©n.
Entre los que las Ăłrdenes de Herodes habĂan reunido en el salĂłn se hallaba Paulo Atme, jefe del manĂpulo que desde Roma habĂa escoltado al patrono Mario. Paulo era uno de esos hijos de la guerra que crecen dentro de su coraza, encima de su caballo, en los campos de batalla; joven aĂşn, pues no contaba más que treinta años, desde simple soldado habĂa llegado a general legionario.