El mártir del Gólgota
El mártir del Gólgota —La tabla IV, ley sobre los derechos del padre de familia —volvió a decir el patrono— concede a los padres el derecho de vida y muerte sobre los hijos. El padre, por esta ley puede condenar a sus hijos a prisión, a ser azotados, a que trabajen en las labores del campo, y aun si lo merecieren, al suplicio que creyere oportuno.[90] El hijo no podrá adquirir sin el beneplácito de su padre ninguna propiedad ni empleo público, y si lo hiciere será mirado el dinero que produzca como el peculio de los esclavos. Los hijos se verán libres del poder paterno hasta la muerte de éstos, aunque llegaran a tener nietos. Las hijas casadas sólo dependen de los esposos.
—¡Ah! Pues entonces… —exclamó Herodes sin poderse contener.
—Tus hijos son tuyos, a pesar de su acusación.
El idumeo se puso en pie, y cogiendo una varita de metal, descargó un fuerte golpe sobre un timbre que se hallaba en la mesita de noche que en forma de águila se veÃa a la cabecera de su lecho.
Cingo apareció en la cámara.
—Convoca inmediatamente a mis hijos, a mis hermanos, al general de mis legiones y a Ptolomeo, mi guardasellos.
—¿A dónde han de acudir, señor? —preguntó el esclavo bajando la cabeza.
—Aquà —le contestó Herodes con laconismo.