El mártir del Gólgota
El mártir del Gólgota Dimas era valiente. Desesperando de hallar la sociedad de los hombres honrados, se decidió a buscar la de los feroces bandidos de Samaria. Después de cuatro días de marchas forzadas llegó a las faldas del terrible monte. Nadie se hubiera atrevido a tanto en aquellos tiempos. La desesperación centuplicaba el ánimo del hijo del platero jerosolimitano. Dimas se detuvo como a unos treinta pasos de la solitaria fortaleza. La subida era espinosa y cansada. Desfallecido por la fatiga se sentó sobre una piedra.
Se hallaba solo: ni el canto de las aves, ni la voz humana, interrumpían la profunda soledad de los hondos precipicios que le rodeaban; Dimas parecía el genio del mal cuando después de su caída se sentó al borde del abismo a contemplar por un instante la horrible mansión que Dios le concedía en castigo de su loca soberbia.