El mártir del Gólgota
El mártir del Gólgota EL ORÁCULO DE DELFOS
Al mismo tiempo que la sibila Cumana se encaminaba a Roma por la vía Appia, dos jinetes atravesaban la ancha calle de Juno, en dirección al monte Palatino.
A juzgar por las manchas de barro que salpicaban sus flotantes mantos y las ricas pieles de leopardo de los caballos, la lluvia debía haberles molestado durante el camino.
Uno de los jinetes era joven: apenas tendría veinticuatro años de edad. Su estatura mediana, era distinguida, manteniéndose con aire marcial y desenvuelto sobre la silla. Era de pálido y agraciado rostro, aunque en el conjunto se notaba cierta rigidez en sus facciones que le daban un aire sombrío y taciturno.
A la claridad de la luna pudo verse que el joven llevaba una culebra del diámetro de dos pulgadas arrollada por el cuello, cuya chata cabeza acariciaba de vez en cuando con su mano o con el extremo inferior de su barba, perfectamente afeitada. Este joven se llamaba Tiberio; era sobrino de Augusto y estaba destinado a ser emperador en Roma.
