El mártir del Gólgota
El mártir del Gólgota El otro jinete que cabalgaba a su lado, más que un hombre parecÃa un atleta. Se llamaba Macron; era el esclavo favorito del futuro tirano, el que más tarde, baldón de la humanidad, habÃa de matar a una madre porque lloraba la muerte de un hijo que él habÃa mandado degollar, y habÃa de arrancarse los cabellos y lanzar gritos de desesperación porque Cartusio se dio muerte en su calabozo, librándose por este medio del tirano.
Los dos jinetes llegaron a los pórticos del palacio de Augusto y echaron pie a tierra. Los soldados del César rodearon a los forasteros, extrañándoles la franqueza con que se introducÃan en el palacio de su señor a tal hora de la noche.
—¡Qué! ¿No me conocéis ya, lobos caducos? —les dijo Tiberio imperiosamente—. ¿Tan pronto se os ha borrado de vuestra memoria la fisonomÃa del sobrino de vuestro señor? En ese caso os aconsejo que depositéis un corazón de paloma a los pies de Esculapio para que se os refresque la memoria y os abra los ojos.
Y diciendo esto, arrojó las riendas de su caballo a su esclavo Macron.
—¡Salud a Tiberio, nuestro general! —exclamaron algunos soldados inclinándose.
—Gracias sean dadas a Júpiter inmortal —les respondió Tiberio.