El mártir del Gólgota
El mártir del Gólgota —Mujeres de Judá —les dice con tembloroso acento—, ¿a dónde corréis en alegre cuadrilla tan de mañana, con vuestros tiernos primogénitos en los brazos?
—Anciano —le responde la más decidora de todas—, ¿quién ignora en Belén y sus cercanÃas el regocijo de las madres?
—Yo soy extranjero… Mi tienda se alza en la Arabia pétrea, y hoy cruzo por las tribus de Israel como las aves de paso en busca de su nido.
—Dirige tus pasos hacia el templo de Sión, vente con nosotras y te haremos partÃcipe de nuestra inmensa alegrÃa.
—No puedo… mis hijos y mi esposa me esperan en las orillas del mar Rojo… Cada sol que muere arranca una lágrima a sus ojos… aquella lágrima es un recuerdo tributado a mi memoria. Pero contadme el motivo de vuestro contento, para que yo en las veladas del invierno lo refiera a mis hijos, cuando al amor de la lumbre les narre las aventuras de mis viajes.
—No podemos detenernos: en Belén nos esperan antes de que termine la vigilia matutina; de ello depende el porvenir de nuestros hijos.
—Entonces no os detengo. Que la paz sea con vosotras.
—Contigo vaya, honrado extranjero.